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lunes, 25 de octubre de 2010

DISCURSO A MAMÁ POR SUS 50 AÑOS



Señora, desde que me abrigó entre sus brazos nunca más me sentí solo, ya no me queda heridas pasadas de mi niñez desde que usted está aquí.

¿Recuerdas? fui abandonado y me recibiste con la ternura que sólo se puede recibir de una madre, fui huérfano y me hiciste tu hijo, fui un niño enfermo con TBC y nunca te separaste de mi lado, fui golpeado y reprimido por mi propia familia, pero tú me defendiste, me rescataste y me amaste.

Señora, sé que no soy tu hijo verdadero, pero ¿cómo no llamarle madre?
Una madre que me has enseñado a respetar la vida cuando yo no lo valoraba, me enseñaste a no decir mentiras porque yo solía mentir para no ser maltratado, me enseñaste a no robar porque yo era un niño que robaba para comprarse un juguete usado y me enseñaste a quererme para poder querer a los demás, pero ahora te quiero sólo a ti.

Señora, le doy gracias por darme la vida cuando de niño yo no deseaba vivir, le doy gracias por apostar por mí cuando usted tenía toda la de perder, gracias por llenar mi manos de trabajo y honradez. Gracias de todo corazón por amarme tanto como yo lo amo.

Señora, yo no nací de su tibio vientre, pero la vida que llevo se la debo por entera. Usted me protegió, me encaminó por el camino del bien, he hizo de mí un hombre fuerte y lleno de amor.

¡Señora, crecí! Aprendí de su esperanza que no se desvanece ante nada, ante ninguna adversidad, ante ninguna buena razón que cese su optimismo. Eres mi sueño más agradable cuando mis ojos están a la luz del día, eres mi pensamiento de lucha inagotable y mis ganas de levantarme cada mañana para poder enfrentarme inspirado ante la vida.

Señora, recuerdo su sonrisa, su mirada cansada, sus lágrimas nocturnas en su almohada, sus manos duras de tanto trabajar, sus pies agotados y sus inesperados desmayos por esta vida sacrificada que sigues dando día a día. ¿Cómo podría pagarle todo el cariño y tiempo que has gastado? ¿Cómo podría devolverle sus cabellos negros y su piel joven y blanca? ¿Cómo podría darle todo ese amor que desinteresadamente me has brindado,… ¿cómo? ¡Si para mí el amor que le doy no me basta! pero siempre dices que para ti lo es todo.


Señora, soy tu hijo, le debo los años que pasas a mi lado, le debo su dedicación para que siempre sea una mejor persona y un mejor hijo, le debo su sabiduría y sus consejos que llevo siempre para no caer en las drogas y en la delincuencia, le debo las penas y disgustos que quizá he provocado algunas veces sin darme cuenta, le debo su paciencia, su perdón, le debo con todo el corazón su sacrificio por haberme dado la mejor herencia que una madre puede dar a un hijo que no es suyo, la educación y los valores.

Señora, confieso que he aprendido a amarla sin límites y sin darme cuenta siento que nunca la dejaría de amar, porque usted es mi madre ante mis ojos y ante los mismos ojos del Dios que me levantó entre sus brazos para no ver a su hijo morir.

Madre soy tu hijo, madre te debo la vida.


Jesús Ssicha Leer más...